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Cómo protegerse antes de dar un masaje (12 consejos esenciales para terapeutas)

Cuando inicié en el mundo de la masoterapia, nadie me habló del desgaste físico que implica cuidar el cuerpo de otros. Con los años, aprendí que dar un masaje sin prepararse adecuadamente puede afectar la salud del terapeuta tanto como a quien recibe una mala técnica.

Como protegerse antes de dar un masaje

Por eso, si te estás preguntando cómo protegerte antes de dar un masaje, quiero compartir contigo los 12 consejos que aplico en mi práctica diaria para prevenir lesiones, mantener la energía y prolongar una carrera saludable en este oficio. Estos consejos no solo se basan en la experiencia, sino también en los principios de ergonomía y autocuidado que todo masoterapeuta profesional debería dominar.


1. Realiza un calentamiento corporal antes de comenzar

Antes de iniciar cualquier sesión, dedico cinco minutos a mover mi cuerpo. Realizo rotaciones de muñecas, hombros y cuello, y algunos estiramientos suaves. Esto activa la circulación y prepara los músculos para el esfuerzo que requiere cada masaje. Piensa en ello como un “calentamiento previo a un entrenamiento”; el masaje es, después de todo, un trabajo físico exigente.


2. Mantén una postura ergonómica

Una de las principales causas de fatiga en los terapeutas es la mala postura. La espalda debe estar recta, los hombros relajados y el peso distribuido de forma equilibrada entre ambas piernas. Cuando aplico presión, procuro que venga desde el centro del cuerpo (core) y no solo desde los brazos. Así reduzco el riesgo de dolor lumbar o rigidez cervical.


3. Ajusta la altura de la camilla

La camilla debe estar a la altura adecuada, idealmente a la altura de tus caderas. Si está demasiado baja, fuerzas la espalda; si está demasiado alta, sobrecargas los hombros. En cada sesión, me aseguro de ajustarla según la complexión del paciente y el tipo de técnica que voy a usar.


4. Cuida tus manos y muñecas

Las manos son nuestras herramientas más valiosas. Alternar técnicas (palmas, nudillos, antebrazos) evita la fatiga muscular localizada. Después de cada jornada, recomiendo sumergir las manos en agua tibia con sal o aplicar masajes con una crema relajante. Un hábito que nunca descuido es realizar pequeños ejercicios de movilidad de dedos y muñecas entre sesiones.


5. Utiliza la fuerza del cuerpo, no solo de los brazos

Muchos terapeutas principiantes cometen el error de concentrar el esfuerzo en los brazos. La clave está en usar el peso del cuerpo y el movimiento coordinado del tronco para aplicar la presión. Moverse junto al ritmo del masaje también reduce la carga física y genera una sensación más fluida para el cliente.


6. Hidrátate antes, durante y después

El masaje implica sudoración y gasto energético. Mantenerte hidratado antes y después de cada jornada ayuda a conservar la elasticidad muscular y prevenir calambres. Yo suelo tener siempre a mano una botella con agua o infusiones naturales.


7. Usa calzado adecuado

Un buen calzado es tu base. Prefiero zapatos cerrados, antideslizantes y con amortiguación. Estar de pie durante horas requiere un soporte plantar estable. Una suela inadecuada puede provocar molestias en rodillas, pies y espalda.


8. Regula la temperatura del ambiente

Trabajar en un entorno frío o húmedo puede tensar tus músculos y afectar la calidad del movimiento. Procura que el espacio esté templado y ventilado; además, evita corrientes de aire directas sobre tu cuerpo mientras trabajas.


9. Fortalece tu cuerpo fuera del trabajo

El masaje es una labor física repetitiva. Por eso, realizo ejercicios de fortalecimiento del core, hombros y espalda al menos tres veces por semana. El yoga, pilates o entrenamiento funcional ayudan a mantener la resistencia y estabilidad necesarias para prevenir lesiones.


10. Controla la respiración

La respiración consciente te ayuda a mantener la concentración y relajar el cuerpo durante la sesión. Sincronizo mis movimientos con la respiración: exhalo al aplicar presión e inhalo al soltar. Este ritmo constante evita la tensión acumulada y mejora mi rendimiento.


11. Haz pausas entre sesiones

Después de cada masaje, me tomo unos minutos para estirar los brazos, la espalda y mover el cuello. Estas micro pausas previenen la sobrecarga muscular y me permiten atender al siguiente cliente con la misma energía y precisión.


12. Protege tu bienestar emocional

No todo el cansancio es físico. Escuchar, conectar y sostener emocionalmente al cliente también demanda energía. Practicar la meditación, el autocuidado o actividades recreativas fuera del trabajo es vital para mantener el equilibrio mental y evitar el agotamiento profesional.


Saber cómo protegerse antes de dar un masaje es una inversión en tu salud y en la calidad de tu servicio. Cada movimiento, respiración y hábito influye en tu bienestar y en la experiencia del cliente.

Recuerda: para cuidar bien a otros, primero debemos cuidarnos a nosotros mismos.

Estos 12 consejos son fruto de la práctica diaria, pero sobre todo, del compromiso con mi cuerpo y con una profesión que exige presencia, técnica y equilibrio.


Fuentes

  • Cavanaugh, J. T., & Cavanaugh, J. (2021). Therapeutic Massage in Physical Therapy Practice. Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy, 51(3), 123–134.
  • Weerapong, P., Hume, P. A., & Kolt, G. S. (2005). The mechanisms of massage and effects on performance, muscle recovery and injury prevention. Sports Medicine, 35(3), 235–256.
  • Fernández-de-Las-Peñas, C. (2020). Manual Therapy for Musculoskeletal Pain Syndromes. Elsevier Health Sciences.
  • Moraska, A. (2007). Sports massage: A comprehensive review. Journal of Sports Medicine, 37(4), 533–554.
  • Donatelli, R., & Wooden, M. J. (2018). Orthopaedic Physical Therapy. Elsevier.

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